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sindicato docente ADEME
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ASOCIACIÓN DOCENTES DE
ENSEÑANZA MEDIA ESPECIAL Y SUPERIOR
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PRIMER GREMIO DOCENTE DEL
NIVEL MEDIO, ESPECIAL Y SUPERIOR
DE LA PROVINCIA DE CÓRDOBA

Personería Gremial N°599/63
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Poema escrito durante la pandemia de peste en 1800

Cuando la tormenta pase

y se amansen los caminos

y seamos sobrevivientes

de un naufragio colectivo.

Con el corazón lloroso

y el destino bendecido

nos sentiremos dichosos

tan sólo por estar vivos. 

Y le daremos un abrazo

al primer desconocido

y alabaremos la suerte

de conservar un amigo. 

Y entonces recordaremos

todo aquello que hemos sentido perdido. 

Y de una vez aprenderemos

todo lo que no aprendimos. 

Ya no tendremos envidia

pues todos habrán sufrido.

Ya no tendremos desidia.

Seremos más compasivos. 

Valdrá más lo que es de todos

que lo jamás conseguido. 

Seremos mucho más generosos

y mucho más comprometidos. 

Entenderemos lo frágil

que significa estar vivos. 

Sudaremos empatía

por quien está y quien se ha ido. 

Que extrañaremos al viejo

que pedía un beso en el mercado,

que no supimos su nombre 

y siempre estuvo a tu lado. 

Y quizá el viejo pobre

era Dios disfrazado.

Nunca preguntaste el nombre

porque estabas apurado. 

Y todo será un milagro

y todo será un legado. 

Y se respetará la vida,

la vida que hemos ganado. 

Cuando la tormenta pase

te pido a Dios, apenado,

que nos vuelvas mejores,

como nos habías soñado. 

K.O´Meara

 

 

Inocencia

Momentos en el pasado,
que atesoró la memoria,
bellos rostros añorados,
vivencias de nuestra historia,
tardes, la salida de la escuela,
con los amigos del grado,
tele, arroz con leche y canela,
el guardapolvo a un costado,
dulce edad de la inocencia,
el primer beso soñado,
sin pudor y sin conciencia,
feliz de haberlo robado,
buscar sentarse a su lado,
indiferente a las bromas,
papelitos perfumados,
corazones con aromas,
noviazgos con travesura,
las risas en el pasillo,
crecer corriendo aventuras,
en tiempos de lo sencillo,
magia profunda con alas,
sueños de enamorados,
amor que quedó en la sala,
de un viejo banco gastado,
los nombres bajo una tapa,
grabados con mucho esmero,
pupitres que no se escapan,
que resguardan un te quiero,
después vinieron caminos,
crecer por naturaleza,
perseguir algún destino,
dejando atrás la simpleza,
cada uno por su lado,
una consigna del tiempo,
sortilegio enamorado,
que naufragó en el intento,
momentos en el pasado,
que atesoró la memoria,
recuerdos jamás borrados,
de aquella primera novia.
Horacio García.

 

 

En Paz 

Muy cerca de mi ocaso,
yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste
ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos,
ni pena inmerecida.

Porque veo al final
de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto
de mi propio destino.

Que si extraje las mieles
o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse
hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales,
coseché siempre rosas.

Cierto, a mis lozanías
va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste
que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas
las noches de mis penas;
mas no me prometiste
tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas
santamente serenas…

Amé, fui amado,
el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!
¡Vida, estamos en paz!! 

Créditos a su autor.

AGOSTO

Sólo el que vive bien los agostos, es merecedor de la primavera. Lo recuerdo bien. Fue cuando Julio se fue, que un viento helado e insulso, que arrastraba todavía las hojas abandonadas por el otoño, me dijo algunas verdades. Me convenció de que el cielo empezaría a metamorfosearse de rojo. Que el polvillo que levanta el viento enseña que las cosas no siempre permanecen en el mismo lugar y que, al final, hay que entender que sólo se asienta cuando los remolinos se van. Fue cuando Julio se fue que mi soledad me invitó a una conversación conmigo mismo. Y me habló de tiempos de esperas. Y me dijo que el ruido de los árboles tenía algo para decir sobre la aceptación. Y yo me quedé pensando, cómo es que ellos, los árboles, aceptan las estaciones al punto que, si los estremecen, también le florecen los brotes. Pero todo a su tiempo. Fue en agosto que descubrí que los perros locos son los gritos que no lanzamos al viento. Son los estremecimientos particulares que nuestra rigidez de certezas no nos permite encarar. El mes de agosto tiene mucho para enseñar. Porque agosto es un mes jardinero. Es dentro de él, cuna del invierno, donde las semillas duermen. Aguardan su tiempo de brotar. Agosto es guardador de buenas nuevas, preparador de flores. Agosto es cuando Dios permite a la naturaleza traducir visiblemente el tiempo de las mutaciones. Mute, dice agosto en su mensaje de semillas. Acepte, dice agosto, como el viento frio que levanta el polvillo y enrojece el cielo. Comparta, dice agosto, abrigos, sopas calentitas, cafés con chocolate, abrazos apretados –ellos también abrigan el alma y anidan el cuerpo-. Distribuya sus afectos. El invierno es acogimiento, es tiempo de preparar septiembre. Y, de septiembre, ya sabemos qué esperar… la explosión de colores que en sus más variados nombres vienen en forma de flores. Apreciemos agosto, lo recibamos con el feliz espanto de quien desafía vientos. Que desarregle y esparza las hojas, que levante los polvillos al aire. Acepte las esperas, pero vaya colocando las macetas en la ventana. Sólo quien vive bien los agostos es merecedor de la primavera…

Myrian Lucy Rezende

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